Etrne el fin y el pinrpciio aglo estxie

 

Aquella destemplada tarde, junto a la ventana se encontraba contemplando el ocaso otoño y el entrante invierno. Tomó un abrigo y salió a dar un paseo, una nebulosa lo abstraía. Caminaba dando pasos débiles por una calle desolada, de un barrio desfigurado, en medio de una ciudad perdida, en un rincón de un mundo cualquiera. Como queriendo olvidar, recogió aquella brillante esfera…

 

El humo configuraba el denso espacio y alentaba las secuencias dentro. Divisó un lugar libre en una mesa donde jugaban cartas, se acercó y sin preguntar se acomodó. Trataba de dilucidar sus rostros, pero la densa luz que caía sobre el centro del paño lo impedía. Sin más decir, invitó una ronda como para ser atento, y ellos siguieron su mano. De repente uno comenzó a escupir palabras, como si adivinara lo que le perturbaba.

“Es probable que sea obvio el hecho de que el espacio, en sus tres dimensiones, constituya el dominio natural de la arquitectura; pero nuestro lugar en el mundo, no es siquiera concebible si no consideramos la cuarta dimensión, la del tiempo. Son muchos los factores que concurren en el acto de proyectar, de entre todos ellos, probablemente ninguno se deja sentir de forma más inquietante que el tiempo. La duración del proyecto se resume en un instante mínimo si se compara con todos los periodos de la historia de la Arquitectura, o, simplemente con la esperanza de vida del edificio que se intenta construir. Y sin embargo, en ese diminuto periodo se refleja prácticamente una eternidad.

Naturalmente, la concepción arquitectónica es siempre un acto de exploración y, como tal, pondera la relación del objeto con el futuro. Toda  la construcción se halla expuesta a un tiempo, más o menos largo, que se puede prever, pero no controlar completamente.

En este sentido, el proyecto adopta un conjunto de decisiones que se relacionan con la funcionalidad y con la materialidad y que vigilan la adecuación de su uso, o significado, a esa expectativa de permanencia.

De una forma menos directa, pero no menos real, también el pasado forma parte de las opciones del proyecto. La relación entre arquitectura y memoria no será, exclusiva de los proyectos que actúan directamente sobre legados históricos.

En cierta medida la arquitectura se parece a una arqueología de la transformación: la historia se iguala con nuestro tiempo, cristalizándose en una condición material que anula las diferencias seculares.[…]  

El conocimiento de la historia no nos convierte en sus rehenes, sino que nos atribuye la responsabilidad de ser, en cualquier momento, contemporáneos. Eso significa que aunque cada proyecto se apoye, por un motivo u otro, en una determinada herencia, exige siempre la fundación del tiempo propio. La capacidad de fundar ese tiempo primordial en cada caso sobre principios de certeza y claridad, permite actuar con libertad y, a veces, cerca de la atemporalidad.”(1)

Tras esa insinuación de eternidad, desde la penumbra del rincón, irrumpió la voz vieja de otro, haciendo referencia algunas paradojas que propone el término.

 “Empezaré por recordar las oscuridades inherentes al misterio metafísico, natural, que debe preceder a la eternidad, que es hija de los hombres. -Tomó un trago y prosiguió-

Una de ellas, no la más ardua pero no la menos hermosa, es la que nos impide precisar la dirección del tiempo. Que fluye del pasado hacia el porvenir es la creencia común, pero no es menos lógica la contraria, la fijada en el verso español por Miguel de Unamuno:

[…Nocturno el río de las horas fluye desde su manantial que es el mañana eterno…]

Ambas son igualmente verosímiles e igualmente in verificables.

Bradley niega las dos y adelanta una hipótesis personal:

excluir el porvenir, que es una mera construcción de nuestra esperanza, y reducir lo actual a la agonía del momento presente desintegrándose en el pasado. Esa regresión temporal suele corresponder a los estados decrecientes o insípidos, en tanto cualquier intensidad nos parece marchar sobre el porvenir.

Bradley niega el futuro, una de las escuelas filosóficas de la India niega el presente, por considerarlo inasible.

“la naranja esta por caer de la rama, o ya está en el suelo”, afirman esos simplificadores extraños, “nadie la ve caer”.

Otras dificultades que propone, una acaso mayor, la de sincronizar el tiempo individual de cada persona, con el tiempo general de las matemáticas.

“Si el tiempo es un proceso mental,

¿Cómo lo pueden compartir miles de hombres, o aún dos hombres distintos?.”(2)

El silencio invadió la mesa, dándole paso a las manos del negro y su piano, que de fondo pasaron a ser figura, y del cual, nuestro sujeto ni siquiera se había percatado.

Las chispas que producen al besarse un fósforo con una lija, lo despertaron y volvió a caer en cuenta donde se encontraba. El extremo encendido del cigarro es lo único que se podía divisar, al parecer, aquel tipo se disponía a tomar la posta.

“Si hay algo que evidencian tus palabras mi querido Jorge, es que no sabemos poner límites, ni tratarlos, y ante que problema nos encontramos cuando estos son la razón de ser tanto del espacio, como del tiempo. Mas que tratar de mentir verdades, me gustaría preguntarnos un poco más.”

-El misterioso ser se había ganado nuestra atención-

¿Cómo es posible que nuestra vida, formada por sucesivos presentes que no tienen dimensión, pueda durar veinte, cuarenta u ochenta años?

¿Qué clase de tiempo conduce a esa duración?

¿No es la geometría únicamente coherente cuando el punto no tiene medida?
Este punto, para que todo funcione, necesita no tener medida y sin embargo ocupar un lugar.

¿Se puede ocupar un lugar sin tener medida?

Únicamente en la mente esto es posible.

¿Existe algo sin medida en el Universo?

¿Es la medida condición necesaria para formar parte del Universo?

¿Es el presente sin medida parte del Universo?

Si el presente tuviera medida, ¿no estarían disociados por ella el pasado y el futuro?

¿Qué sería de la vida, de la palabra y de la música?

¿No es la no dimensión del presente lo que hace posible la vida, como la no dimensión del punto hace posible la geometría?

¿Existen límites para el espíritu?

Gracias al espacio existen límites en el Universo físico y yo puedo ser escultor.

¿Qué clase de espacio hace posibles los límites en el mundo del espíritu?

¿No son la construcción y la poesía componentes esenciales de todas las artes?

Al alba conocí la obra. Puede ser de mil maneras, pero sólo de una.

¿No es el camino el que, desde la libertad, nos conduce a la percepción?

¿No es el arte algo que le ocurre al hombre ante sí mismo y ante un testigo implacable: la obra?

¿No es entre el ya no y el todavía no donde fuimos colocados?
¿No será el arte consecuencia de una necesidad, hermosa y difícil, que nos conduce a tratar de hacer lo que no sabemos hacer?
¿No será esta necesidad prueba de que el hombre no se considera terminado?
¿No será el paso decisivo para un artista el estar con frecuencia desorientado?

El diálogo limpio y neto que se produce entre la materia y el espacio, la maravilla de ese diálogo en el límite, creo que, en una parte importante, se debe a que el espacio, o es una materia muy rápida, o bien la materia es un espacio muy lento.

¿No será el límite una frontera, no sólo entre densidades, sino también entre velocidades?
¿No será la densidad, en todo su esplendor, necesaria para tratar de comunicar, de entender, de oír el espacio?

¿No se hace el agua viva rebelándose contra la horizontal al mismo tiempo buscándola?

¿Cuál es la diferencia fundamental entre ciencia y arte?
Copérnico demuestra que Ptolomeo estaba equivocado.

Einstein hace lo propio con Galileo.

Lo que yo me pregunto desde el arte es lo siguiente: ¿Por qué Goya con su obra no demuestra ni necesita demostrar que Velázquez estaba equivocado?

¿Por qué Mozart compone la mayor parte de su música con movimientos rápidos?

¿No será que intuye que no tiene tiempo, que por desgracia no caben en su obra demasiados adagios?
Sólo una de las tres dimensiones es activa, la que viene a mí desde lo lejano a través de lo próximo, pero las tres lo son en potencia alternando su actividad.

La escultura debe siempre dar la cara, esta atenta a todo lo que alrededor de ella se mueve y la hace viva.

Se ve bien teniendo el ojo lleno de lo que se mira.
Desde el espacio con su hermano el tiempo, bajo la gravedad insistente, sintiendo la materia como un espacio más lento, me pregunto con asombro sobre lo que no sé.

Los ojos para mirar
Los ojos para reír
Los ojos para llorar
¿Valdrán también para ver?
¿No es lo único estable, la persistencia de la inestabilidad?
¿No es tan vanguardia el crepúsculo como la aurora?

Moderno como las olas
Antiguo como la mar
Siempre nunca diferente
Pero nunca siempre igual.

En una línea el mundo se une, con una línea el mundo se divide, dibujar es hermoso y tremendo.

¿Qué hay detrás de la mar y de mi mirarla?
¿Qué hay detrás de la mar y de mi oírla?

No vi el viento
Vi moverse las nubes.
No vi el tiempo
Vi caerse las hojas.

No se debe de olvidar que el futuro y el pasado son contemporáneos.
Yo no entiendo casi nada y me muevo torpemente, pero el espacio es hermoso, silencioso, perfecto. Yo no entiendo casi nada, pero comparto el azul, el amarillo y el viento.

De la muerte, la razón me dice:
Definitiva.
De la razón, la razón me dice:
Limitada.

¿No es el límite el verdadero protagonista del espacio, como el presente, otro límite, es el protagonista del tiempo? Yo no represento, pregunto.

Creo que el ángulo de 90º admite con dificultad el diálogo con otros ángulos, sólo dialoga con ángulos rectos.
Por el contrario los ángulos entre los 88º y 93º son más tolerantes, y su uso enriquece el diálogo espacial.
¿No son por otra parte los 90º una simplificación de algo muy serio y muy vivo, nuestra propia verticalidad?

No hablo del espacio que esta fuera de la forma, que rodea al volumen, y en el cual viven las formas, sino que hablo del espacio que las formas crean, que vive en ellas y que es tanto más activo cuanto más oculto actúa”.(3)

Apagando el tabaco concluyó así su reflexión.

Desparramando preguntas por sobre toda la mesa.

Llegado este punto, la conversación derivaba entre espacio, tiempo, límite, forma, hasta que tomo la palabra el siguiente, y lo hizo con mucha seguridad.

“La forma tiene lugar dentro de una delimitación, que es la inclusión y la exclusión en relación con un límite…

Por este hecho, el espacio entra en juego.

El vacío no es la nada, sino la matriz del espacio.

No se define más que por lo que excluye o ignora”.(4)

El crujido de las bolas de billar le hicieron levantar la cabeza y respirar la música nuevamente, se habían sumado saxofón, contrabajo y batería, la Jam había comenzado, recordándole una frase alguna vez leída:

“la música inventa al silencio, la arquitectura inventa al espacio,  fábricas de aire.” (5)

Lo cierto es que de este modo, el vacío viene a corresponder con esa potencialidad inicial que existe entre dos notas, entre dos sonidos; desde el silencio tenso hasta la plenitud sonora.

Las reflexiones jugaban con un fraseo cuando alguien se atrevió a irrumpir.

“Entonces, ¿Qué devendría del vacío del espacio?

El vacío aparece a menudo tan sólo como una carencia, sería entonces como la carencia por colmar espacios huecos e intra-mundanos.

Sin duda el vacío está relacionado justamente con las peculiaridades del sitio y por eso no es una carencia sino una creación.” (6)

 

Finalmente todos callaron, talvez pensando que habían topado con alguna conclusión, o simplemente no tenían ganas de otra mano.

Lentamente comenzaron a pararse uno a uno y proseguían por retirarse.

Alguno de ellos tiro un par de monedas sobre la mesa, a saldar su trago. Todos se escurrieron en el más incómodo de los silencios, y el quedó allí, preguntándose quienes eran esos tipos.

Fue el último en marcharse, sin respuestas ciertas y solo sabiendo que una cosa llevó a otra entre Alfa y Omega.

La brillante esfera aguarda por otro paseante distraído en una calle desolada, de un barrio desfigurado, en medio de una ciudad perdida, en un rincón de un mundo cualquiera.

 

e16

 

 

“No ipmotra el odern en el que las ltears etsan ersciats, la uiacna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlmia etsen en la psoiocin cocrrtea. El rsteo pedeun etsar ttaolmntee doesrdnadaes y aún poardn lreese sin pobrleams, etso es pquore no lemeos cdaa ltera por si msmia, la mntee ailmsia la paralba cmoo un tdoo.”


(1) fragmentos de – Conversación Informal – 7.TIEMPO – Revista 2G n° 28  – Aires Mateus

(2) fragmentos – Historia de la Eternidad – Jorge Luis Borges

(3) discurso pronunciado por Eduardo Chillida al ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando (1994)

(5) fragmento Lectura de John Cage – Octavio Paz

(4/6)  fragmento  de – El Arte y el Vacío  – Martín Heidegger

Imágen: Hand with reflecting sphere – M.C Escher – 1935